Había una vez un sabio que para ayudar a su impaciente discípulo, le pidió que con un martillo, rompiera en dos una piedra. El alumno con ilusión por complacerlo y lleno de pasión, se puso a golpear la piedra una y otra vez. Golpeó y golpeó sin ningún resultado hasta que exhausto y frustrado se sentó a descansar junto a la piedra. Al llegar el maestro, sin decir una palabra, cogió el martillo y de un solo golpe partió la piedra en dos. Su alumno desconcertado le preguntó -¿Cómo es posible? Y el sabio contestó -Trabajaste muy bien, pero no sirvió de nada, te diste por vencido cuando faltaba un sólo golpe para romper la piedra.
Si tienes claro lo que quieres, persiste, continúa intentándolo, pero... ¿hasta cuando?




